Hace unos años escuchaba, con curiosidad y envidia sana, las aventuras de amigos y conocidos en sus viajes con el IMSERSO.
Llegó el momento y entré en el ámbito IMSERSO. Asesorado por los amigos, ya veteranos, me inscribí; para poder participar en este tinglado.
En el mes de octubre, con la lista de ofertas en la mano observé que, lo único que quedaba para este año, eran hoteles de costa .....
¡¡¡ H**** !!!.
La única pega eran las fechas: diciembre, enero y febrero.
Animado por la ganga que suponían los 8 días de estancia. Mi socia y yo decidimos coger nuestro coche y pasar la semana de Reyes en Peñíscola.
Siguiendo mis costumbres: estudié el lugar y los alrededores, planifiqué itinerarios y visitas, .... y preparé las máquinas de fotos.
Nunca pensamos en el frío, la lluvia, la nieve, el viento y el estado de las carreteras. Sólo pensamos en: pasear por la playa, patear la fortaleza del Papa Luna, admirar la Tortosa renacentista, subir y bajar las cuestas de Morella y conocer la catedral de Segorbe.
¡¡¡ La realidad fue muy distinta !!!
Los dos primeros días fueron casi normales y pudimos patear por completo la Peñíscola intramuros -por cierto muy interesante.

A partir del tercer día, y hasta que llegó el momento de mi regreso; se desataron los elementos climatológicos. El tiempo únicamente nos permitió: caminar por el hotel, leer el periódico, algo de ordenador, televisión, baraja y paseos por las inmediaciones -en los descansos del temporal de lluvia, viento y frío.

Nada de Morella, Tortosa, Segorbe, Delta del Ebro, ....
¡¡¡ IMPOSIBLE !!!
A pesar de ello, mi jefa y yo hemos llegado a una conclusión que, si la analizamos, puede calificarse de positiva y optimista:
En casa tendríamos que hacer las tareas domésticas, y no podríamos salir a la calle.
En el hotel, nos han puesto la comida, nos han arreglado la habitación y aunque enclaustrados, hemos estado rodeados del resto de huéspedes.
Sólo hemos echado de menos ver gente joven. En estos hoteles, todos los huéspedes estamos entrados en años.